martes, 6 de enero de 2026

NO A LA INDIFERENCIA (7 de enero de 2026)

 

El Diario Montañés, 7 de enero de 2026

Puede parecer ingenuo comenzar el año escribiendo una lista de deseos, porque poco podemos hacer si, como sentencia el proverbio, «el hombre propone y Dios dispone». Y menos aun cuando algunos políticos se creen dioses y, dispuestos a repartirse el mundo, nos consideran al resto criaturas desechables, meros peones en el tablero de una vida que no controlamos. Lástima que todavía no dominen la tecnología para castigarnos con otro diluvio.

En estos días de incertidumbre he tenido sentimientos bien distintos. Por un lado, he comprobado con satisfacción que en Francia todos los partidos han sido unánimes en la condena a la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela (incluso Marine Le Pen, tan crítica con el gobierno venezolano, ha levantado la voz para advertir que renunciar hoy a la soberanía de los Estados «equivaldría a aceptar nuestra propia servidumbre mañana»). Por otro, me ha entristecido constatar que nuestras derechas –la ultra y la que presume de no serlo– han aprovechado para moldear la opinión pública a su conveniencia, hasta el absurdo de convertir un conflicto internacional, que puede traer consecuencias muy graves para Europa, en munición para sus batallas internas de andar por casa; han llegado a decir que «la caída de Maduro es un golpe para la mafia sanchista, más grande que la detención de Ábalos y Cerdán».

Por eso comenzaré 2026 pidiendo un deseo, uno solo: que el nuevo año no permita que nos aferremos a la indiferencia. Tal actitud allana el camino a nuestros manipuladores y, al mismo tiempo, envilece el nuestro. Si aún nos queda una pizca de dignidad crítica, no deberíamos renunciar a la libertad de pensamiento, porque, aunque no podamos enderezar los grandes rumbos del mundo, sí podremos ajustar los nuestros. Y esos, al final, son los únicos sobre los que tenemos total soberanía.

martes, 30 de diciembre de 2025

ABI Y GRACIELA (31 de diciembre de 2025)


 El Diario Montañés, 31 de diciembre de 2025

«En estas fechas siento mucho más su lejanía. Hablo con ellos. Pero, aunque el teléfono me los acerque en voz y en imagen, necesito sus abrazos: mis hijos, mis padres, mis hermanos, mi abuela… Perdida en el laberinto de la esperanza, me pregunto si mereció la pena trasplantar el alma en un viaje tan largo, persiguiendo un sueño que en ocasiones se convierte en pesadilla. Abro la ventana y oigo la algarabía de las calles en esta última noche del año –petardos, ruidos, voces festivas–, iluminada por estrellas ficticias. Siento el apoyo de mis compañeros de piso, unidos por las penas y el baño compartido. Antes de salir, repaso el interior de la mochila: bocadillo, botellín de agua, peine, cepillo de dientes, pañuelos de papel… Nada falta.

Llego al hospital. Pasaré la noche con una paciente nonagenaria que tengo a mi cuidado. Tiene la misma edad que mi abuela de allí. Viviremos juntas el cambio de año, sin uvas, pero estrechando el racimo de sus dedos que buscarán protección entre los míos. En momentos así, asistiendo a quien de verdad lo necesita, considero que quizá haya merecido la pena un viaje tan largo.

Sin venir a cuento, pienso en los políticos que dicen que sobramos, porque somos una amenaza, incluyéndonos a todos en su discurso de odio para pedir el vergonzoso voto de la insolidaridad».

«Leo sus artículos», me dice, y continúa, anteponiendo el educado usted de su país: «Usted que escribe, cuéntelo para que la gente recapacite. Ayúdenos, no queremos que nos vean como el peligro que no somos. No debemos pagar justos por pecadores».

¿Qué puedo añadir a sus palabras? Acaso subrayar que su llegada nos ha traído el alma que aquí comenzamos a perder. Y que la solidaridad no se construye levantando muros, sino tendiendo manos.

martes, 23 de diciembre de 2025

FELIZ NAVIDAD (24 de diciembre de 2025)

 

El Diario Montañés, 24 de diciembre de 2025

Un año más –y ya he perdido la cuenta– los premios de la lotería pasaron de largo. Es una situación repetida que, más allá de la anécdota, revela el error de confiar nuestro futuro solo al azar. Incluso si la suerte nos sonríe, el peligro no termina. Según la sociedad de formación financiera Alfio Bardolla Training Group, «más del 75% de los agraciados con los premios de lotería acaban arruinados por no saber gestionar tanto dinero conseguido en tan poco tiempo». Puede parecer consuelo de perdedor, pero los datos demuestran que, en la mayor parte de los casos, la lotería no actúa como ascensor social, sino como fluctuante montaña rusa.

Existe, sin embargo, un ascensor social más fiable y menos caprichoso: la universidad. Durante décadas, la universidad pública española ha sido un motor decisivo de movilidad social. Personas de origen humilde pudimos equipararnos en formación y oportunidades a quienes pertenecían a clases tradicionalmente privilegiadas, en un país donde el origen familiar parecía encauzarnos hacia un destino predicho. La expansión del sistema universitario en los años 80 abrió las puertas a una generación de hijos de obreros y agricultores que accedimos a profesiones cualificadas, contribuyendo a modernizar España y a cimentar una sociedad más equitativa.

Hoy, sin embargo, ese ascensor social, como tantos otros, está amenazado. Los servicios públicos esenciales que nos dimos en su día sufren las consecuencias de la falta de inversión, la precarización y la creciente inclinación política a favorecer lo privado. Y este debilitamiento no solo compromete la igualdad de oportunidades, también erosiona los pilares que permitieron construir una comunidad más justa.

Defender lo público supone reforzar nuestro futuro colectivo. Porque no parece sensato fiarlo todo a la fortuna o dejarlo en manos de representantes que anteponen el interés de su codicia.

Feliz Navidad, aunque sea público-privada.

martes, 16 de diciembre de 2025

GALLOS DE CRESTA ROJA (17 de diciembre de 2025)

 

El Diario Montañés, 17 de diciembre de 2025

Es época de gallos. Aunque los casos de acoso nunca han dejado de estar presentes, resulta especialmente doloroso que quienes enarbolan la bandera del feminismo estén siendo, en la práctica, máximos exponentes del machismo. Han caído en las mismas actitudes que denuncian, mostrando una incoherencia que erosiona la credibilidad de sus discursos. Chulos sin escrúpulos, disfrazaban su comportamiento bajo retóricas progresistas, cuando en realidad reproducían las extralimitaciones del poder, aprovechando que eran ellos mismos los que estaban montados en el «machito» ocupando un lugar privilegiado.

Parecía que habíamos superado los tiempos del extravagante Hormaechea, capaz de soltar en una noche de copas exabruptos tales como que «de las mujeres, lo mejor es cuando se abren de piernas», o que Isabel Tocino «no me sirve ni para hacerme una paja». También parecía superada otra etapa lamentable, la de León de la Riva, exalcalde de Valladolid, que llegó a decir que cada vez que veía «la cara y los morritos de Leire Pajín» pensaba en lo mismo, aunque prefería no contarlo, y que Carme Chacón era «la Señorita Pepis vestida de soldado». Supongo que sabía mantener la prudencia –¡ay las conversaciones de barra!– cuando ejercía su profesión de ginecólogo.

Por eso, el machismo abusador de la izquierda abanderada feminista resulta aún más repudiable: es el claro reflejo de que el hábito –bajo el disfraz de modernidad o camaradería– no hace al monje. Algo así, si se me permite, como si en un rebaño los fieles mastines supusieran para las ovejas un peligro mayor que el de los pérfidos lobos.

Desgraciadamente, los escándalos recientes no serán los últimos. Aunque la sociedad haya avanzado mucho en leyes, en conciencia y en debate público, los viejos vicios continúan larvados incluso en quienes ondean la bandera del feminismo.

Porque los gallos de ahora lucen cresta roja.


martes, 9 de diciembre de 2025

NÚMEROS SALUDABLES (10 de diciembre de 2025)

 

El Diario Montañés, 10 de diciembre de 2025

Vaya por delante que, aunque hombre de letras, me apasionan los números. Fue un asunto de letras el que me empujó el pasado lunes a buscar la ubicación de la cueva del Cúlebre por la costa barquereña. Dos personajes infantiles de una novela que está escribiendo para Valnera el vallisoletano Jesús Salviejo serán protagonistas de una escena fundamental en su interior y por el entorno de los ariscos acantilados que la limitan. Llegar hasta ella y volver al punto de partida, caminando entre aladiernos, encinas, laureles, brezos y aulagas, me supuso recorrer –aquí comienza la magia de los números–10.000 pasos, cifra milagrosa que, nacida del marketing, se ha instalado en nuestros relojes como medida de salud. El primer objetivo del día lo cumplí doblemente, pues además de descubrir la ubicación de la gruta pude alcanzar con solvencia la meta de los pasos.

El segundo, llegó pronto. Cuando pasé por el baño, obtuve la satisfacción numérica de que la pertinente micción, previa a la pitanza, durara aproximadamente los 21 segundos que recomiendan sesudos estudios de la Universidad Tecnológica de Georgia para mantener en forma la elasticidad de la vejiga y salvaguardar el resto del canal urinario. Si durante la comida y lo que quedaba del día lograba ingerir los dos litros y medio de agua recomendados, el puente de la Constitución iba a resultar prolijo en salubridad.

Sin embargo, otra cifra, que también tiene el número 21 como eje, me resulta difícil de alcanzar, pues si ya es complicado conseguir tal cantidad de eyaculaciones mensuales para prevenir el cáncer de próstata, lograrlo a mi edad resulta quimérico.

En todo caso, con este artículo pretendo seguir el consejo de algunos lectores fieles que me recomiendan rebajar el tono crítico, en al menos uno de cada cinco, para dar un respiro.

Hecho.

lunes, 1 de diciembre de 2025

UN MONOLITO CONTRA EL OLVIDO (3 de diciembre de 2025)

 

El Diario Montañés, 3 de diciembre de 2025

«Han sido muchos años persiguiendo pistas que se diluían por información imprecisa. Durante un tiempo creímos que sus restos estaban en Mieres, Asturias, hasta que por un azar descubrimos que la confusión pudo haberse producido porque Mirones tiene similitud fonética». Quien así me habla es Eduardo Lazcano. Nos conocemos desde hace treinta y tres años, y durante más de cincuenta ha estado rastreando las huellas inciertas de su abuelo, Cecilio Romaña, fusilado en 1937. «En 1976 comenzaron a aclararse algo las cosas, aunque la gente seguía teniendo recelo –“había que tener el morro atado”, decía José Antonio Abella–. Cuando sospeché la posible confusión entre ambas localidades, dirigí mis pasos a Mirones. “Pregunte por Fermín Gutiérrez, el ciego de Mirones”, me dijeron. Ciego era, mas no sordo. Fermín había estado detenido junto a mi abuelo y sus dos compañeros, Luis Portillo y Alejandro Miquelarena. Tenía una memoria de elefante, y me refirió con detalle sus últimas horas. Me dijo que Lito, un meracho cabal, había visto “tres chicos” muertos en el río y había convencido a dos familiares para enterrarlos. Pude hablar con él y me confirmó los hechos. Los habían enterrado fuera del cementerio, bocabajo, a metro y medio de profundidad, “los dos más bajos (Cecilio y Alejandro), primero, y el más alto (Luis) sobre ellos”. Así han aparecido ahora sus restos. Cuando los familiares supimos dónde estaban sepultados, erigimos un monolito para señalar el lugar. Después, quisimos comprobar que aquellos eran sus cuerpos para poder llevarlos al cementerio de Ballena, en su Castro Urdiales natal. El hecho nada tiene que ver con ideologías, sino con dignidad humana. Jamás diremos quiénes los mataron. Sería un ejercicio improcedente de odio. Por eso me duelen las recriminaciones que están realizando algunos, en ocasiones encubiertas tras el anonimato. Eso sí parece rencor».

martes, 25 de noviembre de 2025

QUÉ BIEN TE VEO (26 de noviembre de 2025)

 

El Diario Montañés, 26 de noviembre de 2025

Debo confesar que cuando me dicen «¡qué bien te veo!», aunque sea un halago, me recorre un escalofrío porque el cumplido me hace sentir mayor. La expresión, a simple vista inocente y afectuosa, si se analiza en profundidad enfrenta a quien la recibe a un tiempo vital ya bastante dilatado. Te ven bien porque con la carga de años que llevas encima podrías estar peor. Vamos, que es como si te dijeran que para lo mayor que eres, no estás ni tan mal.

Este 2025, en que se conmemora el quincuagésimo aniversario de la muerte de Franco, me ha enfrentado al espejo del tiempo. Tenía yo entonces dieciocho años, veintidós en el intento de golpe mientras hacía la mili, y poco después, con veintitrés, saludaba con admiración agradecida a Gutiérrez Mellado en la UIMP. Recuerdo también haber asistido en Santander a un mitin de Adolfo Suárez, ya en su etapa del CDS.

Si comento esta cronología personal, las generaciones jóvenes ponen cara de extrañeza: les suena a prehistoria. Es cuando me doy cuenta de que para ellas mis recuerdos tienen valor arqueológico. Quizá por eso algunos me dicen lo de «¡qué bien te veo!». El halago suele llegar acompañado de golpecitos en la espalda, como si uno fuera un coche viejo recién bruñido, al que le dan pataditas en los neumáticos para calibrar su aguante. Yo, educado, respondo que quizás se me vea bien por la carrocería, porque por dentro tengo que seguir un mantenimiento riguroso a base de pastillas para mejor funcionamiento del motor y las tuberías.

Pese a todo, prefiero que me digan eso antes de «¡quién te ha visto y quién te ve!». Al fin y al cabo, es reconocer que sigo aquí, aunque el calendario me advierta que ya pertenezco al museo de los coches clásicos.